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Será el último día de mi transpirenaica 2004. El día
amanece con neblinas, como es propio de esta zona. He quedado con mi familia y
con Willy, el amigo con el que estuve en Isaba, en
Hondarribia. Ellos vendrán en coche d Decido subir al collado de Lizarrieta por la carretera. Es una subida agradable hacia la zona de las palomeras, con vistas bonitas entre la niebla que se agarra al fondo de los valles. Vueltas y revueltas por la carretera, ascendiendo poco a poco. Arriba al lado de la típica venta de las muchas que hay por esta zona fronteriza, cojo a la izquierda una estupenda pista que te lleva rápido hasta otro collado. Bajada rápida por carretera para entrar en un desvío a la derecha y comenzar unas cuestas más que respetables. La etapa es corta, pero, ¡ojo! no es ni con mucho una etapa facilona (ni técnicamente ni en lo que se refiere al esfuerzo físico). Se entra en una zona cercana al Larrun que lleva hasta una zona... en la que ¡por fin! se ve el Cantábrico al fondo. La emoción me embarga, los ojos se me nublan, el corazón late más rápido. Tengo que dejar las drogas. Alcanzo la venta Yasola, donde empieza el senderito, por supuesto que para mí absolutamente inciclable, que te baja hasta un pequeño collado. Desde allí por otro senderito (GR-10) en su mayor parte también inciclable para quien escribe esto se llega a otra venta escondida y medio abandonada, la venta Zahar. Estos dos tramos de sendero, andando buenos pedazos con la bici, se me atragantaron un poco, pero da igual, no vamos a mosquearnos con lo poco que queda, ¿no? Desde la venta Zahar se coge otra carreterita que sube con algún que otro repechón y pasa junto a un vertedero que olía... a mierda, como todos los vertederos. ¿No hay ruta alternativa? Si alguien lee esto y lo conoce, que comente para que otros se lo eviten. El caso es que se desemboca en el collado de Ibardin. Allí arriba hay bareto y supermercado chungo para que los franceses se atiborren de productos baratos para ellos: alcohol y cosas de esas.
Se baja rápido hasta una carretera que circula por la margen derecha del Bidasoa, en el lado francés. Hay algunos repechillos que tienen su gracia allí colocados, pero son pequeñitas tachuelas. Pasamos por debajo de la autopista y luego pasamos al otro lado de la muga. Cruzamos Irún, todo lleno de coches y gente, y llegamos hasta Hondarribia. Me llama mi mujer para decirme que ya están en Hondarribia. Le digo que me voy hasta el cabo Higuer y que luego nos vemos. Como no puede ser de otra manera, hay que llegar al cabo Higuer, lo que supone una subidita al final, tras recorrer un bidegorri que discurre junto a la playa. Como es sábado y hace calor está todo hasta las cartolas. Gente, gente y gente. Me acerco hasta el faro para hacer la típica foto. El entorno está más bien guarro y me siento un poco rarillo con tanta civilización alrededor. No siento nada en particular. No sé si debería sentirlo. Es una ruta bonita y entretenida; habrá que hacerla entera otro año, o, al menos, la parte que me falta. Vuelvo hacia el pueblo, llamo a mi mujer y nos encontramos todos en la zona vieja, arriba, junto al Parador. La bici se va al coche a descansar, me aseo lo que buenamente puedo, jamada en sidrería, historietas de la ruta, paseo junto a la ría y vuelta pacasa. Ya está. |