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El día sale también gris y amenazando lluvia. Subo por la
carretera hacia el puerto de Ibañeta. Paso Roncesvalles y empieza a lloviznar a
la vez que la niebla entra bastante densa a En Ibañeta la niebla está bastante cerrada lo que no me permite coger ninguna referencia. Había leído en otras narraciones que aquí la navegación era algo complicada. En mi caso, sin problema. Lo único con lo que creo que hay que tener cuidado es que en la bajada hacia Banka hay una curva que es a derechas y que como la cojas recto no tengo ni idea de a dónde irás a parar. Ayuda el que alguien ha pintado el suelo con letras de color rosa indicando la dirección hacia Banka. La bajada desde el collado de Lindux hasta Banka es bastante larga, por carreterita muy chula. Cuidado porque puedes encontrar un montón de caballos (véase la foto). Abajo en Banka enseguida, tras cruzar la carretera, comienza un subidón hermosote hasta el col de Elorrieta. Es todo carretera pero los desniveles son elegantes. La carretera sube y sube hasta llegar a una muga en un collado. Allí se coge un senderito que luego es pista para bajar hacia el valle de Elizondo. La bajada es entretenida, con pasos entre piedras y tramos húmedos. Una vez en el valle de Elizondo, paro a por el enésimo bocata. Un callado sudamericano, típico camarero del sur de Europa, me enchufa un bocata de tortilla de jamón. El acuarius otra vez de la máquina; parece que los humanos no sirven este tipo de bebidas y han cedido esa potestad a las máquinas. Descanso y pienso lo que ya he andado. Las moscas me siguen haciendo compañía, son grandes pero ya las veo como pequeñas viajeras que son incapaces de molestar a estas alturas. Recuerdo cuando empecé en el Pont de Suert; han pasado siete días y la experiencia está resultando majetona. Mañana llegaré a Hondarribia, si no pasa nada raro. Pruebo a llamar a varias casas rurales de Etxalar, donde espero dormir esta noche, pero no hay manera. Todo ocupado, incluyendo un hotel. La opción es coger una habitación en Venta de Etxalar, que sé que está a unos kilómetros algo más abajo del pueblo de Etxalar. Cuando llegue a Etxalar preguntaré, de todas formas, por si alguien me puede localizar alguna casa en la que dormir. El día ha levantado y no amenaza lluvia ni nada parecido. Hasta hace calorcillo, por no decir calor. Bajo hasta Elizondo a coger pasta en un cajero y me doy un garbeo por el pueblo antes de coger la subida a Bagordi. Es otra subidita de fuertes desniveles, por asfalto, pero que te proporciona unas hermosas vistas del valle de Elizondo. Una vez en la zona de arriba tengo mis dudas a la hora de coger una pista a la derecha por lo que decido seguir por carretera para enlazar más adelante. Es una zona agradable, entre bosques y que permite disfrutar del pedaleo. Insisto, hice trampa y no cogí por las pistas que conducen al collado Eskisaroi, sino que lo hice por carretera.
En Etxalar paré a comer y estuve preguntando para conseguir alojamiento pero fue imposible. Por tanto, me bajé a Venta de Etxalar y allí pasé el resto del día. El hotel está bastante bien y tienes una piscina cubierta en la que poder relajarte y disfrutar. Por la noche bajé a cenar algo al bar y me encontré con un amigo inglés y su mujer. Estuvimos charlando de cosas varias. Resulta que ellos andaban bastante por Etxalar porque la familia de ella tiene casa ahí. No hubiera estado mal saberlo antes pero tampoco me voy a quejar. Cuando vi el tamaño de los bocatas de lomo que sacaban en aquel bar, decidí que con la mitad de una de aquellas flautas sería suficiente. Imaginad el tamaño. Fue un encuentro muy agradable e inesperado. Me volví a la habitación pensando lo agradable que es conversar con la gente cuando te cascas una buena parte del día rumiendo contigo mismo conversaciones imposibles. |