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Pues sí, el tiempo ha cambiado. No hace frío, pero ha
llovido bastante y el cielo está más negro que los cojones de un grillo
(perdón, perdón, pero qué zafio soy). Me
coloco mi chubasquero azul, aquél que viajó conmigo Toda la primera parte es carretera. Se baja hasta Ustarrotz, donde repongo agua en una fuente a la entrada del pueblo. Desde aquí se sube bastante cómodo hasta el puerto de Laza. Me vienen a la cabeza las dos últimas veces que he estado por aquí. Si alguien tiene ganas y tiempo, se puede entrar por el barranco de Burgiarte tres o cuatro kilómetros después de Ustarrotz para hacer un gran bucle que te deja también en el alto de Laza, donde termina la famosa cañada real de los roncaleses. De Laza se baja rápido para empezar la subida al collado de Ollokia, en la famosa carretera que sube al alto de Larrau, donde hace unos años Induráin cascó su sexto Tour de France. Creo que deberían colocar algún tipo de monumento conmemorativo. En la subida me empieza a llover, alegría alegría. Y llueve y esto está oscuro, sobre todo a medida que sigo subiendo. Según mis cálculos me quedan menos de dos kilómetros y allí me encuentro a un pastor con sus ovejas, entre la niebla. "¿Qué?, ¿queda mucho para arriba?, ¿sabe si está abierto el bar?" "No, mucho no queda. Por ahí adelante llevas a otro en bici. El bar tiene un cartel que dice está en obras, no sé, lo abre cuando quiere". Vaya, encima sin el bar del collado abierto. Cagonlaleche.
Me paro a charlar con ellos. Pues sí, haciendo la transpirenaica. Yo desde el Mediterráneo, pues yo desde el Pont de Suert. Y ¿qué tal? Mogollón de calor. Y charlamos de esto y de lo otro, de susedidos y cosas varias. Yo comento alguna cosilla y también lo que me paso con el chubasquero de goretex que se quedó creo en algún lugar de la bajada del Pueyo de Escués. Y surge la pregunta mágica. El tal Jon, que así se llama el otro transpirenaico, pregunta entonces: "¿De qué color?" Y yo con cara tonto digo eso de "Rojo, era rojo". Jon se da la vuelta, se acerca a su bici, y saca de sus alforjas mi chubasquero de goretex, perfectamente plegado, tal como lo llevaba. Yo alucino en colores, más allá de lo que supongo sería capaz de hacerlo con LSD. O sea, que el asunto es el siguiente. A mí se me cae el chubasquero en no sé qué puñetas de sitio en un bajadón del Pueyo de Escués. Al de no sé cuánto tiempo pasa otro tipo. Ve el chubasquero, lo recoge y lo guarda. Está haciendo también la transpirenaica. Me adelanta (luego me entero de que también ha dormido en Isaba y ha salido algo antes de allí esta misma mañana). Le alcanzo por casualidad en Irati. Hablamos y en la conversación surge lo del chubasquero. Y el tío, superlegal, coge y me lo da. Tengo que ponerle unas flores a la Virgen de Dorleta y peregrinar de rodillas y con alforjas. A partir de aquí recorro los únicos kilómetros que he hecho acompañado por alguien, con mi goretex puesto, para celebrarlo. Bordeo con Jon el pantano de Irati y subimos luego por la pista de cemento al collado Orión para bajar hasta el albergue cerca de la carretera que va a Orbaizeta. Allí nos metemos un par de bocatas, muy a gusto porque hace algo de fresquito y chubisquea lo suyo. Me cuenta que quiere llegar a Hondarribia al día siguiente, por lo que hoy pretende avanzar bastante más que Roncesvalles. El tío da pedales como un jabato, con bastante más peso que yo en sus alforjas y apenas puedo seguirle. Seguimos por la fábrica de armas de Orbaitzeta y la pista que remonta el arroyo Itolaz y que terminará luego en la carretera entre Burguete y Roncesvalles. Allí nos despedimos: el seguirá unos 30 kilómetros más (luego me comentó) y yo, como un rey, a Burguete, donde esta mañana he reservado (por si acaso, ante la historia del año jacobeo en que estamos) habitación en una casa rural. Llego a eso de las 14:00 horas, me acogen en la casa como si estuviera en la mía, me ducho y me voy a comer a alguno de los restaurantes del pueblo. Se ve ya cierto desfile de peregrinos. Tengo la tarde para limpiar la bici, darme cuenta de que no me ha dolido nada la rodilla en todo el día, acabarme el libro de Montalbano y dejar pasar el tiempo. Qué cosa tan grande: dejar pasar el tiempo. Compraré luego algunas cosillas en un super que me sirven de cena. Hoy dormiré bien (como todos los días). |