5. Aragüés d'o Puerto - Isaba

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Hoy es el día de prueba. Si me duele la rodilla, creo que tendré que dejarlo. No voy a andar arrastrándome y acabando por hacerme una avería en la rodilla. Así que he rehecho planes e iré hasta Isaba todo por carretera. De esta forma, haré los 65 kms que he calculado regulando y me servirá para decidir si sigo. Así que mi recorrido será: Aragüés - Jasa - Hecho - Ansó - Zuriza - Isaba.

El pico Ezkaurre subiendo desde Ansó hacia Zuriza.Bajo en un momento hasta Jasa (queda a la izquierda de la carretera) y luego hasta la carretera que une Puente la Reina y Hecho. La rodilla sigue protestando y paro poco antes de llegar a Hecho, con un mosqueo considerable. En plan verano azul total me subo hasta el monasterio mozárabe de Siresa. Cerrado, como no podía ser menos a eso de las 9 de la mañana. La luz del sol está preciosa en el valle de Hecho. Disfruto lo que puedo.

Bajo hasta Hecho y cojo la carretera que sube un collado antes de bajar a Ansó. Voy con todas las precauciones y parece que la rodilla aguanta. Bajo a Ansó y entro al pueblo para ver si hay alguna tienda de ropa de montaña en la que pueda comprar algo parecido al chubasquero de goretex que perdí bajando del Pueyo de Escués. Pedaleo por la calle mayor hasta la plaza donde está la oficina de turismo. Pregunto allí y la chica que me atiende me aconseja que la mejor opción es una especie de todo a cien por el que he pasado al bajar. Ejem, mejor lo dejamos para ver si en Isaba hay algo. Como alternativa, me estoy un buen rato tomando un cafelito allí en la plaza, disfrutando de la tranquilidad de esas primeras horas de la mañana (bueno, serían ya las 10). El camarero del bar se enrolla y me pregunta un montón de cosas. Se agradece la conversación.

Sólo me queda subir hasta Zuriza y luego bajar para Isaba. Hoy llegaré pronto, seguro. La carretera que sube desde Ansó hasta Zuriza por el desfiladero del Veral, sobre todo tras los primeros kilómetros, es de lo más agradable que he hecho en esta transpirenaica. Entre que seguía yendo suave por lo de la rodilla, que hacía una temperatura ideal, que iba mirando con los ojos bien abiertos para todos los lados, que el pico Ezkaurre estaba espléndido... no sé, fue una subida preciosa. Alguna que otra fuente de agua rica rica también contribuyó al momento.

Arriba en las campas que preceden al camping de Zuriza, me tomé un tiempo para disfrutar del paisaje. La rodilla no me había dado ningún problema y eso me animaba más aún. Desde allí sólo quedaba subir al puerto de los Nabarros, ahí al lado y bajar hasta Isaba. Estaba controlando con el pulsómetro y me daba cuenta de que estaba subiendo bajísimo deEn Zuriza, tras subir por el desfiladero del Veral. pulsaciones. El caso es que sí que había ido regulando, porque mi pulsómetro me estaba cantando que no pasaba de 120 pulsaciones. ¿Era enfermedad o que había un estado de buena forma de por medio? Pues no lo sé, pero sí que me di cuenta de que las pulsaciones me han ido bajando progresivamente a lo largo de la transpirenaica.

La bajada hasta Isaba, también por carretera, me deja... en un pueblo en fiestas. Pues sí, la entrada en Isaba algo pasadas las 12 del mediodía me muestra el típico escenario postfiestas. Un montón de mierda, animada e inanimada, por aceras y calles, consecuencia del fragor de la batalla. Son las hermosas tradiciones a las que tanto apego tenemos. Paso por el pueblo con un par de piropos de algún megatrasnochador pasado de vueltas y bajo hasta el Hotel Isaba, donde he quedado con un amigo. Es curioso como a partir de Induráin, el único grito que un alcoholizado puede gritar a un ciclista, sea del tipo que sea, es ¡¡Induráin, Induráin!! Como me da un poco de palo coger la habitación a eso de las 12:00 me premio a mí mismo con un pequeño ápage a base de tortilla de patata en la terraza del bar del hotel.

Por poco me da una vomitona al ver cómo los guiris de la mesa de al lado se meten sus pedacitos de txistorra con café con leche. Creo que eran ingleses. Dios mío, el British Empire is dead. Alguno debió estar tentado de untar la txistorra en el café pero yo creo que se cortó. Llamada telefónica a casa para compartir la experiencia del momento. Me doy otra vuelta por el pueblo a cicloturistear por las callejuelas. Pronto vuelvo al hotel y me dejo de zarandajas. A las 13:30 estoy en la habitación, con la bici guardada junto a los artilugios durmientes del esquí.

El ascensor del hotel lleva la chapa de certificación del año 1964, lo cual no me deja muy tranquilo. La habitación (es un tres estrellas, de lo más caro de la transpirenaica, oiga) es una vuelta atrás en el tiempo. Hay un bidemóvil con ruedas, junto a una feretrobañera, al tiempo que en un cajón descubro unas páginas amarillas del año 94. Las sillas de la terraza tienen mierda histórica preconstitucional adherida. Eso sí, la habitación con vistas... al cuartel de la guardia civil. Mejor no sigo...

Por cierto, que pregunto en la oficina de turismo por alguna tienda en la que vendan cosas de montaña (sigo insistiendo en una alternativa a mi goretex) y me sugieren una alternativa...que está cerrada porque son fiestas de Santiago. Me quedo sin alternativa.

Así que decido premiarme con una comilona en el restaurante del hotel. A lo grande, aivadios. Confit de canard, ensalada roncalesa, botella de agua Insalus del 2003, a todo lujo, vamos. Todo ello seguido de semisiesta tirando a siesta completa, lectura de Montalbano y a esperar que venga Willy, el amigo con el que he quedado. Él viene a subir a pie algunas tachuelas del lugar durante un par de días (posteriormente sabré que se perdió en sus dos intentonas, con lo cual puedo volver a quedar con él para el año próximo). Llega a eso de las ocho y pico, nos damos una vuelta por el pueblo, me tomo un par de cocas lai, cenamos bocata y a dormir. Aquí finaliza el día de la carretera. Mañana se anuncia cambio del tiempo y yo sin mi chubasquero, sniff. Por la noche oimos una potente tormenta y como llueve con cierta fuerza. Vaya, vaya.

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