3. Sarvisé - Senegüé

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Como cada día, a eso de las 6:20 estoy ya dando pedales. Por primera verz me tengo que poner el chubasquero porque hace fresco bajando desde Sarvisé hasta Fiscal. Es carretera en ligera bajada y se ve que estamos en Pirineos. Enseguida se llega a Fiscal, donde cruzando el río hacia la derecha se coge la pista que va hacia Bergua, luego al pueblo abandonado de Sasa y finalmente nos subirá hasta la Peña Oturia, a más de 1.700 metros de altitud.

En Fiscal me lío un poco con la pista que hay que coger, pero enseguida surge un lugareño con su lanrover escojonao, que suelta la frase lapidaria: "to parriba, chaval". Evidente, ¿no? Siempre que hay duda es para arriba. La pista es un autopistón que va subiendo poco a poco, pasando por un barrio con mierda por arrobas tirada por las esquinas. Esto incluye coches abandonados y demás desperdicios del primer mundo. ¿Cómo lo hacemos tan mal? La pista empeora un poquito y tras pasar algún que otro megacharco, de pies empapados para qué os quiero, se llega hasta un riachuelo.La Peña Oturia al fondo

Aquí mi primera equivocación de cierto calibre. Sigo unas marcas de sendero PR, amarillas y blancas. Pues no, no es por ahí. Aviso: no es por ahí. Aunque sales al mismo sitio, que es otra megapista de tierra, no hay que coger este sendero. Te lleva por un caminito muy chulo, pero hay un paso pelín chungo si llevas alforjas, bici al hombre (o donde puedas). Supongo que habrá que seguir el riachuelo

Llego al pueblo abandonado de Sasa, aún habitado por animales, pero despoblado de humanos. A la izquierda se coge enseguida una pista en buen estado que va subiendo, tipi tapa, tipi tapa, por pino, hayas y otros arbolitos hacia una zona de collados, previa a la Peña Oturia. Cuidado en esta zona porque me temo que si pillas lluvias, te vas a embarrar lo suyo. Yo, como siempre con suerte, disfruto de la pista. De vez en cuando empiezo a notar un preocupante dolorcillo tipo pinchazo en la parte posterior de la rodilla derecha. Horror, no puede ser. Pues nada, suave suave, piano piano. Sube que sube.

Arriba se alcanza un collado amplio, con cabaña y pluviómetro, como dice el amigo Laparra. Entramos en una pequeña bajada que conduce a una subidita (como siempre, ¿no?).Cerca del Cuello de Tres Cruzes, a 1.500 metros. Enfrente verás unas antenas, que la civilización ha llegado hasta aquí, claro está. Dejando la pista principal, cogiendo a la derecha empieza el tramo final de la subida a la Peña Oturia. ¡Fuente, fuente! Joder, qué gran invento lo de las fuentes. Antes de llegar a la fuente, me adelanta el típico pastor motorizado, plop plop plop porrop porrop, y sus dos perros corriendo detrás. Inhumano, más que inhumano.

Bueno, a lo que iba; que me paro en la fuente como está mandao. Joder qué antenas hay allí enfrente. Lo mismo hay cobertura aquí en el cielo. ¿Cómo cobertura? A tope, como si quiero llamar a la NASA. Pues es un buen momento para llamar a mi mujer, a ver qué tal le va el curro. Son las 11 de la mañana de un radiante día de julio, con un calor de testículos, eso sí, otra vez. Traguito de agua, fresca. Otro traguito; otro más: ¿daré positivo por el gusto que me da?

Vistas desde la fuente subiendo a Peña Oturia: sí, aquí hay cobertura. Enfrente, la pista por la que hemos venido.Laparra dice "tramo muy sucio". Sí, arriba, en la Peña Oturia, por la pista que rodea la cumbre por su derecha. Es que hay vacas, que están en su terreno, que no es el tuyo. O sea, que no se apartan ni padiós. ¡¡¡¡Ehhh vaca, ehhh vaca!!!! Ala, busca camino alternativo si no quieres enchufarte en vena tres millones de moscas, moscardones, tábanos y otras variantes de insectos asesinos. Naturaleza, ah, qué aire más fresco, moñigas, qué bien huelen. Dando muestras de mi habitual torpeza, una vez pasados los mamíferos por un terreno tipo piedrones, hierba y agujeros ocultos, me caigo como un bendito, caída tonta, pero caída al fin al cabo. Eso sí, la única en ocho días. No está mal, ¿no?

Pero las vistas son majas. Mejor me paro un rato, porque esta bajadita promete. Lugar de grandes horizontes, hay picos nevados al fondo. La pista, por llamarla de alguna manera es bastante chunga los primeros metros/kilómetros. Es de esas herbosas, ya sin uso, con trampillas y peraltes escondidos, con alguna que otra piedra y el terreno desigual. Bueno, disfrutad, disfrutad, que no todo van a ser carriles bici.

La bajada poco a poco empieza a ser más divertida y algo más fácil. Se baja y se baja, hasta llegar, tras pasar un puente, a una zona muy llana, no sé cuántos kilómetros más abajo. Enseguida se alcanza el pueblecito de Larrede, con su iglesia al borde la carretera. De ahí ya sólo queda un ratito hasta Senegüé, el final de etapa. Se cruza el río Gállego por un puente en el que mejor no haces el cabra, por si acaso, y en un plis plas estamos en Senegüé.

Vistas desde Peña Oturia. Al fondo a la izquierda se la pista por la que se sigue.La primera persona con la que cruzo una palabra en el pueblo resulta ser el propietario de la casa rural. Prefesto, oiga. Me invita a lavar la bici, un detalle. Me cuenta que por allí pasan muchos ciclistas haciendo la transpirenaica. Sniff, sniff, ¿no soy yo el único héroe? Pues no, chaval, no. Los hay a patadas. Hace un calor que te defecas. Los moscardones son tamaño bombardero B52 y con armas químicas. Ojo, además, llevan jodido el tubo de escape y meten un ruido que paké.

Ducha, descanso y a comer el menú al hotel-restaurante de la carretera. Camareras sudamericanas, como es normal. Me meto un par de platos lait, un cafelito, un helado. Joder, qué dura la vida del transpirenaico. Vuelta por el pueblo. No hay nadie, como manda la hora y el calorcete que hace. Ale, Julen, vuélvete a la casa rural.

En la casa rural aparecen en la vivienda de al lado unos lugareños y luego unos belgas. Parece que se conocen y hablan entre ellos en suajili. La escena surrealista se me explica posteriormente: la chica es de Sabiñánigo y vivió muchos años en Bélgica y han quedado con unos amigos de allá que se han venido pacá. Hablan entre ellos en flamenco. Ahhh.

Por cierto, en el garaje donde dejo la bici están las campanas nuevas de la iglesia. La parte trasera de la rodilla me avisa que ahí hay algún problema. Ante ello, me baño en Feldegel y me encomiendo a la Virgen de Dorleta.

Por la tarde-noche me bajo de nuevo al hotel-restaurante, donde un par de tipos ven la televisión, atentos a lo que le pasa a la viutiful pipol. ¿Ya no dan toros, joder?

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