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1. Bilbao - Santo Domingo de la Calzada (125
km.) Sábado, 22 de julio de 2000. Que no me llueva, que no me llueva, virgencita mía. Eso era el día anterior y tan bien debí de rezar que no me llovió prácticamente en todo el Camino. Lo único, cuatro gotas en un par de sitios para poder decir eso de "no, no, si a nosotros también nos llovíó... la verdad es que fue duro...". Son las 5:30 de la mañana. ¿Qué hago mi primer día de vacaciones levantado a esa hora?, ¿estoy tonto? Todo el año madruga que te madruga y cojo mi primer sábado de vacaciones y tira para arriba a las 5:30. Claro que más mérito tiene lo de mi mujer, que se levanta conmigo para desearme feliz viaje y que lo pases bien y hagas muchos amiguitos, cariño. Dios santo, voy a empezar a dar pedales hasta Santiago. Ayer hizo un calor de morirse y hoy es probable que sea igual. Como persona organizada que soy, prácticamente todo está preparado desde el día anterior. Mi súper-mega lista de necesarios ha quedado reducida a un petate ¡¡que me cabe en la mochila de agua y en una riñonera!! Eso es economía y lo demás tonterías. En fin, a mis 35 años empezar con estas cosas de jóvenes, bici y pertenencias a cuestas y tira millas por el Camino de Santiago. Encima se me ha ocurrido la brillante idea de hacerlo solo. La verdad es que prefiero así, que yo soy muy mío y la libertad de hacer lo que me dé la gana es un trofeo muy codiciado. Pues ya estoy, encima de la bici. Joder, esto es diferente, hay que tomárselo con más calma. Esta bici pesa. Y eso que he hecho un par de pruebas antes con carga y todo. Pero claro, no es el mismo ánimo el de dar una vuelta de 40 km. alrededor de tu casa que pensar que hay por delante más de 700 km. Bueno, empezamos el paseíto. Voy de barritas hasta las cartolas; seguro que me paran en un control de la guardia civil y me detienen por dopaje. De eso no me importa exagerar, mejor que sobren barritas que no que falten. Pedales y más pedales. Bilbao. La bici, engrasada y brillante, me espera en el garaje. Nos saludamos y... tira palante, que nos vamos. Adiós, Bilbao, adiós. Puerto de Altube. Ya está, ya lo hemos subido, aunque el calor aprieta, no creáis. He ido en plan suave, con mucha cadencia de pedaleo, como me ha recomendado un enfermo de la bici que trabaja conmigo. Agua y agua, y la jodida se calienta que no veas. Paradita en Izarra y pequeño aprovisionamiento. Ya nos hemos zampado lo peor del día, la subidita desde mi casa en Bilbao. Creo que no va a haber problemas para llegar fresco a Santo Domingo. Zambrana. Horrible, hace un calor horrible, me han colocado un secador de pelo delante de la cara y no hay manera de quitarse el sofoco de encima. Parada en cutre-bar. La camarera, una señora mayor apoyada en una esquina de la barra, me mira como diciendo "chaval, eres imbécil, ¿no ves qué día hace?". Le pregunto cuánto queda para Haro y me dice que unos 12 km. Aleluya, pensaba que eran más. Haro. Entrada triunfal por el puente y derechito a la plaza del Ayuntamiento. A fardar de bici y, sentado en una terraza, qué menos que unas rabas, una Coca-Cola y unas pequeñas notas de lo que llevamos hasta ahora. Eso sí, un calor que abrasa a los escarabajos patateros. Llamadas por el móvil a mi casa, a mis suegros y a Xabier, otro betetero que va a comenzar el Camino con su padre desde Santo Domingo, como yo. Quedamos a las 7:30 frente a la Catedral de Santo Domingo. Originales que somos. Llegada a Santo Domingo. Dios santo, lo peor de los 130 km. ¿Cómo es posible que una recta llana desde Haro hasta aquí casi me mate la moral, las piernas y la garganta? ¡Qué viento, qué bochorno, qué agobio! De locura, por la recta a 12 km./hora, mirando para todos los lados para coger alguna referencia que te diga que estás avanzando. Ni una sombra, ni nada que se apiade de mí. De las peores experiencias de mi vida. ¿Será un mensaje divino que me castiga por mi falta de fe para hacer el Camino? Piedad, piedad, esto no puede continuar así. La entrada a Santo Domingo es patética, buscando un bar como un poseso (doy por supuesto que de las fuentes hoy salen aguas termales a 45 grados por lo menos). Lo veo, lo veo, es un bar. Botella de agua, de litro y medio, fría por favor. Primeros dolores como consecuencia de dar pedales. Detrás de la rodilla, algo raro molesta. Así que, andanada de Voltaren, a partir de ahora mi más fiel compañero de viaje. Hotel
en Santo Domingo. La chica de la recepción me sonríe y hace la típica
pregunta peregrina: "¿Qué, de dónde viene?". "Pues de
Bilbao". "Pero, cómo puede ser, con el día que hace, ¿de
verdad?". "Pues sí, ya ves, de Bilbao". "Es increíble, de
verdad". Claro, yo subido al pedestal, ya no hay quien me pare ante esta
deslumbrante hazaña. Le comento que he salido a las 8:30 para impresionar más,
qué puñetas. Total, le va a dar igual. La chica se descuelga con unos
comentarios sobre su novio, que es de Bilbao, y que ya podía venir desde allí
en bici, como yo. Esta parte del relato no forma parte de la ficción, lo
aseguro. Me subo para la habitación, me ducho y caigo como un bendito en la
cama. No sé muy bien el tiempo que pasa, pero pasa bastante. Tarde y noche en Santo Domingo. A las 7:30 frente a la Catedral. Aparece Xabier con su aita y unos amigos. Saludos, comentarios y... ¡cómo son los padres con sus hijos! Se han preocupado de localizarme a unos amigos que vienen haciendo el Camino y con los que podría ir. Aparecen los amigos en cuestión, paseo por el pueblo y se perfila quedar para mañana con Jon y Juanma, que vienen haciendo el camino desde Roncesvalles (llevan dos etapas ya) y también con Iñigo, que ya hizo el camino hace unos años y que repite, comenzando como yo, desde Santo Domingo. Cenamos y despedida hasta mañana a las 6:30. Xabier y su aita van a hacer el camino más suave: prevén etapas de 50 km. más o menos, según cómo lo vean. |