6: Pereje - Portomarín

Principal ] Arriba ]

 

Principal
Arriba
1: Bilbao - Sto. Domingo
2: Sto. Domingo - Hontanas
3: Hontanas - Sahagún
4: Sahagún - Astorga
5: Astorga - Pereje
6: Pereje - Portomarín
7: Portomarín - Santiago

Tus comentarios

6. Pereje - Portomarín (92 km.)

Jueves, 27 de julio de 2000.

Pereje. Me levanto y oigo que está lloviendo. No puede ser, yo lo pacté con los hombres y mujeres del tiempo en la tele. Mis compañeros se vuelven a calzar toda su parafernalia antilluvia, pero, para cuando salimos, ya ha dejado de llover. Eso sí, hace fresquito. Hacemos unos pocos kilómetros por una carretera secundaria paralela a la fatídica N-VI (con unas obras espectaculares) hasta llegar al primer avituallamiento en un bar de carretera. Hay que tragar bien, que nos toca O Cebreiro.

Ruitelán. Dejamos la N-VI, que habíamos tenido que retomar, para entrar en una apartada carretera secundaria. Pasamos Las Herrerías y poco después comenzamos la verdadera subida tras un pequeño puente que queda inmortalizado en fotografía.

Subida a O Cebreiro. Primero, es dura. Que quede claro. Es una carreterita muy apetecible, de buen asfalto, hasta llegar a Laguna de Castilla y luego, algo menos de 2 km. más por pista, hasta llegar arriba. Otra vez el menor peso de mi equipaje hace que suba a más ritmo que mis compañeros. Voy con cadencia alta en plato pequeño, pasando curvas y alguna que otra recta matadora. El fresquito que hacía por la mañana se olvida rápido. Los espero en Laguna de Castilla, donde comienza el tramo de pista otra vez, después del asfalto anterior. Sin más, llegamos arriba, con cierta emoción porque dejamos atrás Castilla y entramos en Galicia.

En O Cebreiro comienza Galicia. Un buen lugar para recrearse en la satisfacción de lo ya recorrido.Nos fotografiamos en el cruceiro del alto y nos acercamos al albergue. Lástima, está cerrado... pero las hospitaleras, todo amabilidad, nos lo abren y nos ofrecen café y hasta unas pastitas. Son las cosas buenas del Camino, que haberlas, haylas. Descansamos un rato porque todavía queda llegar hasta el Alto do Poio, con alguna que otra subidita. Agur, hospitaleras de O Cebreiro, agur, chicas.

Alto do Poio. Cogemos carretera nada más pasar O Cebreiro para retomar en cuanto podemos el Camino un poco antes del Alto do Poio. Nos encontramos en pleno Camino una señal de tráfico de peligro por firme deslizante (?). Tras las risas consiguientes, seguimos ruta con la bici. Pero por poco tiempo, ya que la última parte de la subida al alto hay que hacerla bici en mano. Por supuesto que se comenta eso de que "pues yo ya lo subía montado sin las alforjas y bla bla..." (ya sabéis, típicos comentarios de bilbaínos). Glorioso bocadillo de tortilla de jamón en el Alto do Poio. Este tipo de barrita energética, como la de pan con lomo adobado de Molinaseca, es también muy recomendable. Aquí es donde empiezo a pensar si estaré engordando a medida que voy haciendo más kilómetros del Camino de Santiago.

Otra bajada gloriosa hasta Triacastela. Comenzamos a bajar por el Camino, paralelos a la carretera. Iñigo, el pupas, tiene que parar porque ha perdido un tornillo de sujeción de sus alforjas. Nos ponemos a buscarlo y, cómo no, aparece el tornillo, para regocijo de todos. Seguimos palante. Empieza la bajada de verdad, la emoción me embarga, y tiro pabajo dale que te dale. Lo de siempre: como llevo menos peso y voy sin alforjas esos lujos que me puedo permitir. Entramos en algunas de las primeras corredoiras, sombrías y seguramente custodiadas por meigas. Total, que me lo paso pipa en la bajada hasta Triacastela, que son unos buenos kilómetros.

Triacastela. Pequeña parada de avituallamiento a base de galletas, comentarios sobre la bajada, qué bonita es Galicia y tira millas.

Alto de San Xil (Riocabo). Ojo, que hay subida maja. El paisaje gallego es más entretenido, no cabe duda. Cogemos carreterita secundaria con tramos de pista y toma subidón, campeón. Más corredoiras, más entretenimiento y pequeñas trialeras (para mi nivel, quiero decir).

Sarria. Entrada en plena bajada, dando zapatilla como posesos por una pista paralela a la carretera. Nos adelantan beteteros de carretera que pasan de la pista y se dedican a rodar sobre el asfalto. Nosotros, más puristas, seguimos por las pistas todo lo que podemos. Tanto darle zapatilla, llego a Sarria con un dolor en la rodilla que me parece un tanto peligroso. Me froto y refroto con el Voltarén una y mil veces. Virgencita mía, que yo no quería pasarme dando pedales, que ha sido sólo un ataque de velocidad. Nos aprovisionamos en un supermercado, tras una demostración de Jon acerca de cómo caerse en plena calle central del pueblo, él solo y sin ayuda de nadie. Para celebrarlo realizamos una espectacular comida en un parque para niños, usando sus mesitas y sillitas. Tierna comida. ¡Ah!, el albergue está lleno, así que tira para Portomarín, que allí ya habrá algún sitio donde dormir.

Ya sólo faltan 100 kms para llegar a SantiagoPortomarín. En Galicia se pierde toda noción del pueblo por el que estás pasando. Pueblo, aldea y de nuevo pueblo y requetealdea y sube y baja (más bien siempre parece más sube que baja) y otra aldea. Salimos de Sarria oliendo a vaca por doquier, por corredoiras unas más transitables que otras. Alguna que otra cuesta de las de bajarse como lleves alforjas con cierto peso. Además, algunos tramos con pequeñas piedritas en el camino, que obligan a transitar con la bici de la mano. Antes de llegar a Portomarín otro albergue en Ferreiros, lleno de alegres peregrinos que rápidamente comentan eso de "No tenéis sitio, está lleno, ni lo intentéis". Así que seguimos con lo de los pedales hasta Portomarín. Antes de llegar cruzamos el Miño después de una bajadita por una pequeña carretera asfaltada. El día está estupendo y todo acompaña: ni frío ni calor (o sea, 0 grados), ni sol ni nubes, ni viento ni calma chicha, relajación en Portomarín. Localizamos alojamientos y nos da tiempo a pasear por el pueblo, tomar algo, mirar al Miño y pensar eso de "cada vez nos queda menos". Felices sueños.