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5. Astorga - Pereje (89 km.) Miércoles, 26 de julio de 2000.
Rabanal del Camino. Vamos devorando los kilómetros para acercarnos a Rabanal del Camino, a los pies de la subida a la Cruz del Ferro. Vamos todo el rato muy cerca de carreteras poco transitadas y a veces también sobre ellas. Cargamos las pilas y ya en Rabanal probamos a subir por el camino. Como nos entran dudas sobre la ciclabilidad de lo que puede venir, preguntamos a unos lugareños. Estos nos desaconsejan ir por el camino y nos recomiendan coger la carretera para subir hasta el alto de la Cruz del Ferro. Así pues, hacemos toda la subida por carretera. Ya en Rabanal vemos mucha furgoneta de apoyo. Se realiza el acto protocolario
de cargar con una piedra. A la racionalidad de Jon y a la mía se enfrenta la
visceralidad de Iñigo. El muy animal carga con un pedrusco con la intención de
purgar sus pecados. ¡Amigo, qué clase de pecados tendrás por ahí para cargar
con esa pedazo piedra, pecadorrrr! Al inicio de la subida me pasan tres chavales resoplando como condenados. No llevan encima bultos y los veo sufrir demasiado delante de mí. Por momentos pienso que les va a dar un parrús en mis narices. Pero, nada, los tíos siguen para arriba con movimientos convulsos y un cierto pique entre ellos. Al de un rato los veo parados en la carretera hablando con la furgoneta de apoyo sobre no sé quién que ha pinchado y no tiene ni parches ni cámara de repuesto. Bueno, les paso y poco después otra vez resoplando se me ponen delante. Más adelante volveremos a lo mismo. Se paran, les paso y al de un rato, vuelta a empezar. Cojo un ritmo cómodo, en plato mediano, y voy dando pedales hacia arriba. Iñigo y Jon, con bastante más peso que yo, se lo toman con más calma. Paso Foncebadón y sigo por la carretera. Decido esperar un rato a mis compañeros porque no los veo por detrás y no querría tirar hasta arriba por si hubieran tenido algún percance. Los veo por fin y tiro para adelante para llegar a la Cruz del Ferro. Arriba, fotos de rigor... y un frío que te cagas (con perdón). Chubasquero y de tó para la bajada.
Molinaseca. Avituallamiento líquido y sólido. El sólido consiste en un bocadillo apabullante de lomo adobado. Gloria bendita, convecinos, gloria bendita. Muy recomendables las barritas energéticas de pan con lomo adobado. Descansamos un ratillo tras bajar por una calle muy maja en el centro del pueblo, a la que llegamos entrando por el puente. Ponferrada. Entramos en Ponferrada, pasamos junto a su castillo y hacemos avituallamiento líquido, cogiendo "la mejor agua del mundo", según nos explicó un lugareño. Salimos de Ponferrada por una zona de chalets, y cogiendo una vega cultivada bien hermosa, nos dirigimos a Villafranca del Bierzo. Terreno algo más entretenido, con más sube-bajas, que nos conduce hasta el albergue de Villafranca, también con su cosa, como el de Manjarín. Iñigo parece que no trae muy buena cara. Queremos avanzar hasta Pereje, donde hay albergue, para acercarnos más al pie de la subida a O Cebreiro. Es mediodía y decidimos avanzar para llegar a comer a Pereje y así hacer una etapa algo más corta y poder descansar más. La salida hacia Pereje nos conduce a tomar la N-VI, que, además de ser nacional está en obras. Iñigo va con el pajarón y yo procuro ir tirando suave para pasar este horrible tramo. Claro está que el albergue de Pereje nos resarce de todos nuestros males. Un sitio estupendo, atendido por una gente supermaja. Este ha sido el albergue en el que se puede decir que hemos descansado de veras. Tranquilidad, conversaciones de comida y cena con el personal peregrino. Aquí oímos historias de una norteamericana, de unos chicos de Murcia,... Todos peregrinos, gente simpática de veras. Cuidamos un poco las bicis, las lavamos, les damos unos mimos, leemos y escribimos algunas cosillas. Una tarde ociosa, por fin. Jon quedó encantado, preguntadle, preguntadle (no veáis la sobada que se metió). |