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| 3. Hontanas - Sahagún (103 km.) Lunes, 24 de julio de 2000. Hontanas.
Desayunamos lo básico para poder llegar a Castrogeriz y subir la cuesta de
Mosterales. La bajada desde Hontanas a Castrogeriz la hacemos en un agradable
paseo mañanero. Hoy también pasadas las 6:30 estábamos dando pedales.
Atravesamos Castrogeriz, que éste sí que es pueblo largo. Vemos montones de
peregrinos que salen de aquí para iniciar la etapa del día. Adelantamos y
adelantamos gente hasta llegar a la base de la cuesta. Cuesta de Mosterales. Iñigo ya había comentado que no había que cebarse con la cuesta, que era bastante dura y que mejor no hacer la machada, no vaya a ser que luego lo pagues caro el resto del camino. Por supuesto, ni que decir tiene que fue el único que consiguió subir la cuesta entera montado, con sus alforjas y tó. Desde ese momento, cogió el maillot amarillo del Camino y ya nadie podría arrebatárselo. El sargento Romerales lo había conseguido. Porque otra de las consecuencias de subir montado la cuesta de Mosterales es que luego te llaman durante todo el camino "sargento Romerales". Bueno, en lo alto, hermosas vistas sobre la meseta castellana y fotos de rigor.
Frómista. Cogemos a la salida de Boadilla el Canal de Castilla y avanzamos rápidos junto a él. El paseo es agradable y enseguida llegamos a las puertas de Frómista. Para acceder al pueblo hay que cruzar el canal por una de sus esclusas. Una familia de Lérida (papá, mamá y niño) está parada con sus bicis con algún problema mecánico. Nos ven "arregladitos" y piensan que somos lo que necesitaban: unos expertos mecánicos. Por supuesto que no fuimos capaces de arreglarles el problema. Eso sí, como Juanma vive en Carrión, les indica quién arregla bicis en Frómista, lo cual se puede considerar información privilegiada en esta meseta. Población de Campos. Parada obligada porque es el pueblo de Juanma. Escenario mañanero tras las fiestas del pueblo y sabio consejo por parte de Juanma: mejor no seguimos exactamente el camino dentro del pueblo, no vaya a ser que pinchemos con la cantidad de cristales que hay por el suelo. Nos aprovisionamos de agua fresca y seguimos ruta. ¡Accidente! Increíble, pero cierto. Juanma nos venía comentando que no le convencían nada los mojones que han puesto a lo largo de los andaderos paralelos a la carretera por toda esta zona. Decía que con tanta monotonía de trayecto te pones a pensar en las avutardas de mayo y te la puedes pegar de puro ido que vas. Pues, como siempre, las profecías tienden a su cumplimiento. Juanma y yo vamos un poco por delante, después Jon, e Iñigo al final. Oímos el grito y oímos el golpe. Iñigo tendido en el suelo con la bici junto a él. Rasponazo en el muslo y alguna que otra magulladura por el resto del cuerpo, pero... la dirección de la bici tambalea que da gusto. Puede ser que la horquilla haya cascado, si no la propia dirección. Llegamos despacio, despacio, como podemos, hasta Carrión, el pueblo de Juanma. Menos mal que llegamos a sus dominios. Vamos a un taller y nos dicen
que aquello está muy mal y que no pueden hacer nada. Hay que ir hasta Palencia
y a ver si hay suerte y se puede reparar. Juanma coge su coche y se van con la
bici él e Iñigo hasta Palencia, mientras Jon y yo nos quedamos dando una
vuelta por Carrión con muy mal rollo en el cuerpo. Comemos y les esperamos
tumbados en un parque. Finalmente llaman y dicen que todo ha ido bien y que le
han cambiado la horquilla. A partir de aquí Iñigo se hará el Camino sin
horquilla de suspensión, aunque, eso sí, con tubo de escape (ya que lleva su
horquilla Rock Shox sobre el equipaje y le da ese aspecto). Salimos de Carrión sobre las tres de la tarde para llegar hasta Sahagún y... amenaza lluvia. Jon e Iñigo me deleitan con un espectáculo sorprendente. Parados en un granero, comienzan a colocarse artilugios para el agua: plásticos adaptados para las zapatillas, megasuperchubasqueros, etc. Fotografías del evento y salimos a una asquerosa recta (lo siento, Castilla), con viento de cara que lleva a: Calzadilla de la Cueza. El pueblo sólo se ve cuando estás encima de él, ya que está al final de la inmensa recta, pero en una hondonada. Le metemos zapatilla. Llegamos al albergue y nos empezamos a llamar estúpidos y anormales mutuamente por la caña que nos hemos metido. ¿A dónde vamos con tanta prisa? En fin, es lo que pasa con los globeros. En el albergue nos encontramos con la familia de Lérida que está ya cómodamente instalada. Nos cuentan que han arreglado el problema "más o menos", porque no era cosa tan sencilla (lo cual nos deja pero que muy bien). Ledigos. Este es el pueblo del membrillo de ciruela. Uno de mis mayores descubrimientos del Camino: el "membrillo de ciruela" (o sea, crema de ciruela en porciones, marca Helios). La situación era la siguiente: a un escaso kilómetro de este pueblo siento el típico pajarón (por cierto, después de una zona muy agradable de bosquecillo). Dios mío, necesito ya energía como sea. Llegamos al pueblo en busca desesperada de una tienda y nos indican una pequeñita, escondida tras un bar. Unas galletas por aquí y otras galletas por allá... y ¡esa cajita de membrillos de ciruela en porciones! Como un poseso me meto cuatro seguidos en espera de poder aguantar como sea hasta Sahagún, 22 kilómetros por delante. Salimos de este pueblo y yo suave, suave, con mucha cadencia de pedaleo para no cargar las piernas. Vaya, parece que va bien, que voy sudando poco a poco y que las piernas cogen tono. Bajo piñones y parece que aguanto. ¡Cómo que aguanto, que voy como una moto! Los pequeños repechos que hay me parecen poca cosa y mis dos compañeros alucinan. Han descubierto en qué consiste el dopaje en el ciclismo: cuatro membrillos de ciruela uno detrás de otro. Mi EPO particular. Primera pájara superada. Sahagún. Llegamos pasadas las seis de la tarde, pero llegamos. Nos distribuimos entre albergue y hostal. Ducha, descanso, paseo por el pueblo y cena maja en el mismo hostal en el que estoy hospedado. Increíble, pero me costó dormirme. ¿No se supone que tenía que estar rendido?, ¿serían los efectos alucinógenos de los membrillos de ciruela? |