|
|
2. Santo Domingo de la Calzada - Hontanas (106 km.) Domingo, 23 de julio de 2000. Santo Domingo de la Calzada. Desayuno a base de barritas y algún croissant. Llego puntual, algo antes de las 6:30 y enseguida aparecen mis tres compañeros. ¿Andarán más que yo?, ¿les haré de paquete?, ¿qué tal gente será? Bueno, ahí están. Jon lleva una doble, una Grisley, e Iñigo una Canondale rígida con suspensión delante. Juanma lleva el típico "hierro", por lo que no cabe duda que es el que más elogios merece por cada pedalada que damos. Sin excesivos retrasos salimos dando pedales algo más tarde de las 6:30. Comienzan los andaderos paralelos a la carretera y la tradicional monotonía del paisaje en Castilla. Iñigo es quien lleva el mapa en su manillar, por lo que en general es él quien indica pueblos, direcciones y demás. Por otra parte, ya hizo el camino anteriormente hace unos años. Más tarde me entero de que Iñigo y Jon lo han intentado también la Semana Santa pasada pero el mal tiempo les hizo desistir.
Alto
de la Pedraja. Zona muy bonita la que va desde la subida en Villafranca de
Montes de Oca hasta San Juan de Ortega. La subida al alto es llevadera, excepto
un repecho al principio que te hace bajarte de la bici. No obstante, decidí
impresionar a mis compañeros con una bonita caída en subida, auténtica
especialidad mía, que estoy pensando patentar. Me doy cuenta de que en las
subidas les dejo atrás, pero la razón es bien evidente: pura cuestión de
peso. Mis concienzudos preparativos surten efecto. Monasterio de San Juan de Ortega. La bajada desde el Alto de la Pedraja es muy cómoda (excepto un pequeño paso), con pista ancha y en ligera bajada. Ideal para meterle zapatilla. Jon anda con problemas: tiene ganas de vomitar y no sé encuentra muy bien. No obstante, seguimos para adelante. Paramos un rato en el monasterio, damos una vuelta por su interior, comemos algo (es un decir, porque Jon se anima con un megabocata de jamón para curar sus males y... santo remedio, según parece). Parece que podríamos llegar a Hontanas hoy. Iñigo me informa de un alojamiento de turismo rural en Hontanas y llamo, cojo una habitación y sin más. Atapuerca. Pasamos el pueblo y encaramos la jodidilla subida al alto. Miro para todos los sitios por si encuentro algún cráneo antiguo, pero allí no hay más que piedras que hacen que se haya que subir con cuidado y mirando dónde pones la rueda. Al coronar, arriba, nota en el suelo. Bajamos y nos encontramos a unas chicas en bici que han perdido a sus compañeros por algún lado del camino y les han dejado la nota en el alto. Jon les cede amablemente el móvil para que les dejen un mensaje. Nos miran y remiran: pedales automáticos, horquillas de suspensión, hasta una doble... y, claro, así que dicen que vamos como unas máquinas. Burgos. La entrada es lo de lo más feo que te encuentras en el Camino, pero qué se le va hacer, de todo tiene que haber. Hay hambre y de ahí que nos demos a la pizza para asegurar calorías e hidratos de carbono. Tumbada general y descanso. ¿Hasta dónde iremos? Parece que hay ánimos hasta Hontanas (yo había pensado inicialmente hacer hasta Castrogeriz, pero tampoco me importa Hontanas). Vemos a alguna otra gente que hemos adelantado viniendo desde Atapuerca. En Burgos, claro está, toca foto con la escultura del peregrino, junto a la Catedral. Hontanas. El camino hasta aquí se nos hizo durillo. El viento de cara y algún pequeño repecho con un suelo incómodo hacen que se nos haga más largo de lo previsto, sobre todo al final, los últimos 8 ó 10 km. El amigo Jon jura y maldice la decisión de tirar hasta Hontanas, pero por fin llegamos y, ¡albricias!, hay sitio en el albergue ya que hay dos y parece que el pueblo no está muy concurrido. Nada más entrar en el pueblo vemos una preciosa estampa de hombre protoibérico, barriga amplia y desaliño en general. Parece que regenta un establecimiento, pero de una forma incomprensible para nosotros nos dice que continuemos hasta Frómista (????). Este hombre está zumbado, son las 5:00 y nos quiere mandar a 80 km. de aquí. Pronto nos reciben unos chavales que deben estar ya acostumbrados a ver peregrinos. Les preguntamos por el albergue, nos lo indican y empiezan a gritar "¡Donde Vitorino no, donde Vitorino no!" El protoibérico les lanza alguna andanada verbal. Los chavales nos acompañan un rato y nos dicen del Vitorino unas cuantas lindezas que me llevan a concluir que yo también hago albergue, que paso de mi casa de turismo rural, ¡que era la de Vitorino! Ducha, descanso, paseo hasta el bar de las piscinas y cena básica del peregrino. En la habitación del albergue un ratoncillo nos acompaña, muy majo él. En la tertulia de la cena aparece un holandés que viene andando desde su pueblo. Ya lo digo, hay para todos los gustos en el Camino. También hay gente de Pamplona, de Valencia, más gente en bici. Total, que el pueblo se ha llenado de peregrinos. Antes de dormir, otra vuelta al bar de las piscinas y... a la cama. |